Helga y Flora: más allá de las mujeres pioneras en la policía chilena

 Helga y Flora: más allá de las mujeres pioneras en la policía chilena

El trabajo realizado por los, valga la redundancia, realizadores chilenos hace años está a un nivel tan alto que perfectamente, en caso de tener una estructura detrás que los potenciara, cuidara y fomentara, podrían ser llevados a un nivel de producción de estándares internacionales. Ejemplos e historias hay, incluso en la afamada plataforma de streaming Netflix.

El producto chileno tiene, casi por naturaleza propia, un potencial increíble que queda demostrado en obras del calibre de El Reemplazante, Bala loca, Los Ochenta o la casi desapercibida Gen Mishima, transmitida por TVN hace más de una década. Todos, en su medida, son producciones que han marcado en algo a la creación audiovisual chilena.

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Hoy, en pleno 2020 y enclaustrados por la pandemia mundial, con muchas condiciones favorables para su éxito pero sobrellevando una pésima programación, la miniserie chilena Helga y Flora (Canal 13) se ha logrado incluir en ese grupo selecto de realizaciones que marcan su tiempo y mantenerse en el recuerdo. Con un nivel de fotografía, actuación y guion impecables, la serie protagonizada por Amalia Kassai y Catalina Saavedra ha remecido a la industria nacional.

La trama está centrada en las dos primeras mujeres en integrarse a las filas de la en ese entonces, por 1933, Policía Fiscal de Chile, quienes por petición del propio director de la institución (mandatado por el presidente de la época, Arturo Alessandri) para investigar el extraño caso de la desaparición de un caballo fina sangre llamado Siegfried, perteneciente al terrateniente y magnate local Raymond Gamper (Alejandro Sieveking), quien es amo y señor de la localidad de Kerren, un pequeño poblado en Tierra del Fuego. 

Pareciera ser algo sin mayor importancia, pero las primeras dos mujeres de la historia policial chilena llegarían hasta la austral localidad en donde comenzarían a investigar una serie de crímenes e intrigas sin respuesta.

Actores como Ernesto Meléndez, Alejandro Sieveking (QEPD), Tiago Correa, Geraldine Neary, Alessandra Guerzoni, Hernán Contreras y Daniel Llhorente, se suman a las ya mencionadas Kassai y Saavedra en la construcción un elenco que sabe dar vida a una serie que íntegramente funciona como una serie policial de alto nivel internacional.

Helga y Flora, la historia más allá de Siegfried

La hasta ahora exitosa Helga y Flora ha sido tema de conversación en redes sociales y, a pesar de la hora (es emitida cerca de las 12 AM), por su buena sintonía y nivel de críticas, muestra parte de una historia poco conocida: la travesía de la policía chilena y sobre todo aquella parte que tiene relación con la labor e integración femenina, en este caso, a la institución civil de las ramas de seguridad y vigilancia del Estado. La verdadera historia de Helga y Flora es un poco más profunda que un caballo perdido en el fin del mundo.

Corría la década del 30 y un Chile algo convulso debía rápidamente entrar en una etapa de modernización de sus agentes de seguridad y vigilancia, por lo que se articularon una serie de reformas que daban pie a la mejora de las instituciones existentes.

Pocos años antes, como muestra de este proceso de largo aliento, se fundó Carabineros de Chile el 27 de abril de 1927, bajo el mandato del general Carlos Ibañez del Campo en su corto periodo como dictador hasta su renuncia en plena crisis económica provocada por la crisis del año 29 en Estados Unidos.

La convulsión nombrada hacía imperiosa la modernización de los aparatos de seguridad, incluyendo a la entonces llamada Policía Fiscal de Chile (hoy Policía de Investigaciones, PDI). Este proceso puntual de modernización y apertura incluía darle cabida dentro de sus filas a mujeres que tuviesen la oportunidad de formar parte de las labores propias de un policía, dejando de lado labores plenamente de administración o secretariado.

Es por ello que el 1 de abril de 1939 hacen su ingreso a la Escuela Técnica de Investigaciones las aspirantes Hilda Ferrada, Fanny García, Rosa Romero, Donka Kujis, Lucía Moreno y Olga Streeter, sin embargo, fuentes aportadas a La Máquina por el psicólogo e investigador Camilo Montes, señalan que antes de ellas e incluso antes del siglo XX, más precisamente en 1896, las primerísimas mujeres en realizar una labor a la función policial serían las agentes policiales en grado segundo Nicolasa González Palacios y Margarita Vásquez Vásquez, además de la agente tercera Francisca Gamboa Mujica, quienes de desempeñaron en la labor correspondiente a la investigación domiciliaria y de casos de ordenanza municipal, siendo condecoradas por en dicha época por su trabajo.

Lucía Moreno y Olga Streeter, dos de las primeras policías mujeres (único retrato institucional oficial)

Los hitos femeninos en la vida de la policía civil no pararían. Ya devuelta en el siglo XX, precisamente en 1924, personal femenino de esta institución sería designada al área de identificación en el proceso que incluía una modernización en los servicios de registro e identificación de personas, tanto presentes como desaparecidas. Debido a los paradigmas de la época, las mujeres, aún obligadas a ser madres sin derecho a cuestionamiento, elegían esta sección de la labor policial por requerir menos horas fuera del hogar.

Ya casi a mediados del siglo XX, la historia femenina dentro de la institución policial los caminos se fueron solidificando y abriendo, siendo incluidas en labores estrictamente ligadas al quehacer policial, incluyéndose tareas como investigación de delitos, labores de inteligencia y contrainteligencia, lucha contra el narcotráfico y demás.

La labor de la mujer dentro de lo que hoy se conoce como Policía de Investigaciones (PDI) ha ido, sin lugar a dudas, en un ascendente nivel en poco menos de un siglo de pertenencia y lo que lo hace aún más valeroso: ha sido al unísono con la existencia de la propia institución.

Ignacio Osorio

Quería ser futbolista, pero terminé escribiendo sobre Cultura y haciendo clases. 25. C.

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