Este último tiempo ha estado marcado por estrenos de series y películas protagonizadas por mujeres. Cada una desde su lugar y estilo narran historias de empoderamiento femenino y discursos de feminismo. Sin duda, el auge de estas producciones es contingente a los tiempos que corren, donde el movimiento feminista ha logrado un espacio en el cine llamado «feminista».

Pero es cierto también que el hecho de que una de las mayores plataformas multinacionales como Netflix se interesen por estas historias, responde a una estrategia de marketing. El feminismo entró en las leyes del mercado y vende. Es aquí donde nos hacemos varias preguntas y reflexionamos si podemos llegar a hablar de un cine feminista, analizando algunas de las apuestas que Netflix ha emitido durante el último tiempo.

¿Estas películas pueden llegar a funcionar realmente como artefactos políticos feministas? ¿Basta con la proliferación de referentes femeninos o debemos preguntarnos, al mismo tiempo, por las condiciones de representación de estos personajes?

«Del cine feminista a Gambito de Dama: cómo se convirtió el empoderamiento femenino en entretenimiento». Berta Goméz. El Diario. España.

«Gambito de Dama»

“Gambito de Dama” es uno de los estrenos más comentados de Netflix, el cual ha sido todo un éxito hasta la fecha independiente de que se haya publicado a finales de 2020, convirtiéndose en la miniserie con más reproducciones de la plataforma.

La serie narra la historia de Beth (Anya Taylor-Joy), una niña huérfana, que aprende a jugar ajedrez con el conserje de su internado y que lucha por convertirse en la mejor jugadora de ajedrez del mundo, mientras convive con sus adicciones.

La serie es un acierto, tiene una estética hermosa y la trama se desarrolla con organicidad, aunque a ratos se vuelve previsible. Además de ello, ha despertado un profundo interés en el mundo del ajedrez. Este juego, con su tiempo y suspenso, aporta un universo fascinante a la serie.

Sin embargo, lo que realmente engancha a la audiencia no es el ajedrez, sino apreciar cómo una mujer que vive una infancia vulnerable, triunfa en una tierra de hombres. Es la mano de una mujer moviendo las piezas de un ajedrez.

Si observamos más hacia el interior, ¿podríamos hablar de una romantización del feminismo? Mujeres destacan y se imponen en ambientes masculinizados y aquí hacemos un alcance al poco reconocimiento que tienen las mujeres en todos los ámbitos deportivos.

La serie perpetúa la idea de que tienes que ser la más destacada de las destacadas para obtener un sitio, mientras cientos de hombres pueden estar ahí con menos esfuerzo y sin ser grandes estrellas. Meritocracia, triunfadoras a título individual, no productos de una lucha colectiva. No obstante, instala un referente, sobre todo para generaciones más jóvenes y eso se rescata.

Beth, la protagonista de la serie, es una joven que desde niña fue medicada y que ahora sufre de adicciones. Una mujer que tuvo una infancia vulnerable, dificultades que aportan a darle un contexto aún más trágico y por ende un mayor contraste a su éxito. Por otro lado, la madre de Beth, que en la serie es solo un recuerdo, un flashback, constantemente le advierte que los hombres siempre le querrán enseñar y que no son más inteligentes.

Anya Taylor-Joy, la actriz que da vida a Beth, realiza un trabajo de interpretación impecable, donde su poderosa mirada juega un papel vital. Beth posee un intelecto brillante y a la vez es intuitiva y obsesiva.

Algo interesante del personaje de Beth, es que ella no es consciente del rol que está jugando, le llama la atención que la gente tenga tanto interés en que sea una mujer ajedrecista. En una entrevista, ella pregunta: ¿todo se va a tratar de que soy mujer? No es consciente de que puede ser un referente para otras mujeres, como se lo expresa una de ellas en su último torneo. Y el que no sea tema para ella, me parece interesante. Creo, al igual que en el caso de las disidencias sexuales, que nos encontraremos en una verdadera era feminista cuando ser mujer no sea tema y cuando realmente no importe la orientación sexual de una persona.

Anya Taylor-Joy, actriz que interpreta a Beth en «Gambito de dama» sostiene: «Lo que es hermoso de Beth es que está tan alejada de la sociedad que verdaderamente no entiende por qué la gente habla de su género en lugar de sus habilidades como jugadora. Tener la oportunidad de interpretar a esta persona en esa época específica lo sentí como algo muy liberador y lo disfruté mucho” y añade: “en el caso de Beth, ella no se ve como una mujer que juega al ajedrez, se ve como una jugadora de ajedrez que es mujer”.

La serie ha generado controversias, he incluso ha sido acusada de caer en la práctica del «prettywashing» (lavado de belleza), idea que no comparto, pero es reflejo de los cuestionamientos en cuanto al género que la misma serie suscita.

«Anne with an E»

La serie “Anne with an E”, estrenada también por Netflix, narra la historia de Anne (Amybeth McNulty), una niña que fue adoptada por error (esperaban a un niño) por Marilla y Matthew, dos viejos hermanos que viven en soledad. La serie está ambientada en un pueblo de Canadá a fines del siglo XIX, específicamente en Isla Príncipe. La trama sigue las aventuras de una niña pelirroja, con una imaginación desbordante, una personalidad extrovertida y apasionada.

Sí, Anne al igual que la protagonista de «Gambito de Dama», es huérfana, pelirroja y brillante.

Anne es una niña particular y parlanchina, que no tiene miedo de irrumpir y de hacerse escuchar, que dice lo que le molesta en voz alta. Este es uno de los motivos centrales de por qué considero a “Anne with an E” una serie feminista y se constata en el puro acto del habla: Anne tiene voz, en una época donde las mujeres se veían mejor calladitas.

Algunos consideran «Anne with an E» una serie infantil. Si bien puede ser vista por todas las edades y es maravilloso que generaciones se inspiren en Anne, más que una serie infantil, es una producción que revela, desde la inocencia de una niña, que muchos de los comportamientos de una sociedad, solo están basados en prejuicios y construcciones sociales. El machismo, la homofobia y el racismo, temas que abarca la serie, son conceptos incomprensibles para una niña, ya que no son naturales, sino construidos.

Anne desafía lo establecido en una isla y en un tiempo donde el rol de la mujer estaba relegado a las tareas del hogar, a la sumisión y al ser buenas esposas. Anne cuestiona la educación que las mujeres reciben.

Soy tan fuerte como un niño, y prefiero estar al aire libre en lugar de estar encerrada en una cocina. ¡No tiene sentido que a las niñas no se les permita hacer trabajo agrícola cuando las niñas pueden hacer cualquier cosa que un niño pueda hacer y más! 

Anne

La vida de Anne transcurre en la naturaleza, escenario propicio para incentivar aún más su imaginación y la gran capacidad de asombro que habita en ella. La serie tiene una maravillosa fotografía, una composición impecable, visualmente es muy atractiva y los paisajes de Isla Príncipe deslumbran.

«Anne with an E» es un programa que apunta a una visión feminista desde varias aristas y que recomiendo ver. Una serie que sitúa a una niña que como mujer desafía a la sociedad. Una niña pelirroja, honesta, interesante y particular. Una trama conmovedora que trasmite valiosos valores, entre ellos el más importante: el de la igualdad.

La serie tuvo muy buena recepción de la audiencia, pero luego de tres temporadas Netflix la canceló. Los fanáticos enamorados de Anne se movilizaron para juntar firmas y exigir una cuarta temporada.

Además del entrañable personaje de Anne, la serie posee un interesante trabajo de construcción e interpretación de los personajes secundarios y sus arcos narrativos aportan a una diversidad de historia.

Rescato de Anne, que su lucha y su reivindicación van más allá de lo individual, permea toda la Isla Principe. Tanto a sus amigas, como a los adultos y resignifica la educación de las mujeres y su rol en la sociedad.

Anne expresa en la serie «Me encanta ser una mujer«.

Unorthodox (Poco Ortodoxa)

Esta miniserie de cuatro capítulos estrenada este 2020 por Netflix, fue una de las producciones con enfoque de feminismo que han dado de qué hablar. Sobre todo porque sitúa a la mujer en un contexto que siempre ha sido poderoso: la religión.

«Poco Ortodoxa» está basada en una historia real, recogida en un libro con el mismo nombre, de la autora Deborah Feldman. Narra la historia de Syrah, una mujer judía que huye de un matrimonio arreglado, para escapar de la opresión que implica una visión ortodoxa de su religión y vivir una nueva vida en Berlín. La serie abre su relato a la relación de la identidad femenina en una comunidad religiosa de judíos ortodoxos y a lo opresiva que puede ser, dándole visibilidad a esa realidad.

Syrah, su protagonista, se ve expuesta al juicio por no ser madre, a vivir relaciones sexuales forzosas y no gozosas, a no poder tener sus propios gustos e intereses, en una comunidad religiosa donde el rol de la mujer está relegada a ser buena esposa, en nombre de Dios. Syrah escapa buscando su libertad y su propia identidad, arriesgándose y ayudada por su profesora de piano. En Berlín se abre a experiencias que nunca antes había vivido, al estar en contacto con la realidad. Ella es capaz de acercarse a su pasión, la música y va encontrando su voz. Syrah reivindica la identidad de la mujer y cómo, en nombre de la fe, la han oprimido.

Cabe destacar el excelente trabajo de Shira Hass, protagonista de la serie, el peso y la liberación que habitan en su interpretación. Una de las escenas que más emociona es cuando Syrah se saca en el lago la peluca que lleva, para luego flotar de espaldas, como metáfora de dejar atrás lo que esperaban de ella, el deber ser, como símbolo de liberación a la opresión. Asimismo, al comienzo vemos cómo a Syrah le rapan su hermosa caballera como símbolo de despojarla de algo suyo, de sumisión y represión. Universos simbólicos.

Enola Holmes

La cinta de Netflix se basa en el primer libro de la serie de novelas “Las aventuras de Enola Holmes” por la autora Nancy Springer. La película protagonizada por Millie Bobby Brown (Stranger Things) funciona como una expansión del universo de Sherlock Holmes, donde Enola, su hermana menor, termina asumiendo un rol de detective para ir en búsqueda de su madre, quien la crió como una mujer empoderada y le dio una educación poco tradicional.

Tras la desaparición de la madre, son sus hermanos mayores quienes deben hacerse cargo de Enola. Por un lado, tenemos al detective Sherlock, un hombre que no tiene interés en involucrarse por la política y a Mycroft, un machista que quiere internar a su hermana en una escuela para ser buena señorita. Este último hermano inmediatamente adquiere el rol de malo, sin dejarnos ver las tridimensionalidades de su personaje, cayendo en el cliché de los estereotipos de género.

Millie Bobby Brown es lo mejor de la película, con una interpretación fresca y un registro actoral totalmente distinto al de “Stranger Things”. Sin embargo, el abuso del recurso de romper la cuarta pared, interpelándonos con preguntas, se hace agotador.

La cinta se torna un desacierto, aunque somos capaces de identificar la intención de la película y el lugar que le quiere dar a la mujer. Enola es una niña fuerte, valiente, con convicciones propias, pero la reivindicación no se logra sostener. El discurso queda en la superficie, en un lugar un tanto liviano. En términos narrativos, de construcción de una historia, no basta con que una mujer protagonice el relato, hace falta que se abarque con profundidad. Por lo mismo, la historia en momentos se vuelve inverosímil, porque no está bien construido el mundo en el cual se desarrolla. A decir verdad, a ratos, se torna larga y aburrida.

De hecho, la escena de mayor feminismo de la película no la vive su protagonista Enola, sino que se da cuando Sherlock Holmes, buscando a su hermana, visita a Edith, una maestra de artes marciales que trabaja en una pastelería. Ella lo interpela y le dice que nunca entenderá nada, porque “No sabes lo que es no tener poder”. Una escena que dura menos de un minuto, pero que está llena de peso.

¿Es feminismo con intención o solo ruido?

Tras revisar estas producciones emitidas por Netflix, la reflexión acerca de un cine feminista queda abierta. A titulo personal, si tengo que escoger un gran referente, me quedó con «Thelma y Louis». Cinta noventera que no responde a las fórmulas anteriores y que es uno de los grandes íconos del cine feminista.

Sus protagonistas no son mujeres superdotadas, sino que son mujeres que deciden ser libres, que escapan de las tareas del hogar y de hombres machistas, para decidir vivir la vida que ellas quieren. Huyen hacia una nueva vida, liberadas de la opresión masculina, independiente del costo. Una camadería sincera de mujeres que se validan y apoyan.

Pienso también que quizás las películas más feministas son las que no pretenden serlo, las que no fueron concebidas con ese objetivo, sino que con el fin de mostrar a las mujeres como lo que son. Historias de mujeres fuertes, con deseo y convicciones. Cintas que sitúan a la mujer en su lugar natural y no al que les ha relegado la sociedad. Y con esto se me viene a la mente las películas de Studio Ghibli, fundado por Hayao Miyazaki. Verdaderas joyas de arte de la animación que se alejan de todos los estereotipos de Disney y del hoy llamado cine feminista.

Miyasaki nos presenta personajes femeninos fuertes, valientes, como son las mujeres. Que lideran su aventura con poder de decisión y con una psicología multidimensional. Historias donde la naturaleza cobra un rol fundamental y que pueden ser vista tanto por adultos como por niñas, niños y niñes. Esto último es fundamental, ya que los dibujos animados son una de las formas que construyen los imaginarios sociales en la infancia, por ende es importante que no caigan en estereotipos de género.

Muchas de mis películas tienen protagonistas femeninas fuertes, valientes, niñas autosuficientes que no se lo piensan dos veces antes de luchar por lo que creen con todo su corazón. Necesitaran un amigo o un partidario pero nunca un salvador. Cualquiera mujer es capaz de ser una heroína tanto como un hombre

Hayao Miyazaki

Varias de sus películas se encuentran actualmente en la plataforma Netflix. Lo que sí es lamentable de Studio Ghibli es que ninguna de sus películas ha sido dirigida por una mujer y el estudio japonés está compuesto principalmente por hombres. Y ante esto surge la pregunta: ¿para que una película sea considerada feminista es necesario que narren historias feministas o es necesario que el equipo creativo que está detrás de esas historia lo compongan mujeres?

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