“Cola de mono”: Bébase con moderación

 “Cola de mono”: Bébase con moderación

Es paradójica la fascinación que tenemos con la década de los ochenta en Chile. Emocionalmente compleja y justamente odiada por una dictadura sangrienta. Más allá de la, a estas alturas, mítica serie de Canal 13, “Los 80”, esos años se han posicionado como escenario recurrente para contar historias en la filmografía nacional.

“Cola de Mono” es el quinto largometraje de ficción dirigido por Alberto Fuguet. La prolija mente creativa (literaria y cinéfila) nos sitúa en plena nochebuena de 1986. Borja y Vicente son hermanos y esperan sin mucha motivación la cena de Navidad, no de pascua. El suicidio de su padre y la alta temperatura santiaguina, genera un ambiente de frustración y tensión, donde orfandad y viudez no dialogan. Sin embargo, esa noche tendrá más de una sorpresa preparada para ambos.

Nostálgica e inmersiva

Fuguet elabora un espacio cercano donde los detalles de nuestra memoria favorecen la construcción de su relato. En este punto, se evidencia un dedicado trabajo de ambientación, en la cual la cultura pop desempeña un rol clave ya sea en afiches, libros u objetos de la época, permitiéndonos sentir y reconocer ese hogar. La banda sonora de UPA! y la intensidad con que se escucha, favorece esa inmersión.

Desde esa fortaleza, “Cola de mono” se transforma en una película de género pero a su manera como declara su director: Una película de navidad distinta, con sangre, cuchillos y sexo gay.

Personal e íntima

Es difícil no ver al director en Vicente y Borja o al menos no reconocer una lucha personal de identidad en estos hermanos. Más, si analizamos o consideramos sus últimas películas y libros. Por lo mismo se lo preguntamos en La Máquina directamente a Alberto Fuguet

¿Qué tan biográfica es “Cola de Mono”?

Muy… Viene de un lugar personal. Yo viví los 80’s. Recordé cosas de mi casa, que era una casa parecida. La madre tiene cosas de mi mamá y yo soy una suma de ambos hermanos. Las piezas de ambos remiten a las mías y estaban plagadas con afiches y libros míos. Las pulsaciones son personales, los deseos, ciertos hechos. El resto es invento. Yo no he vivido un episodio de sangre así. Pero quise plasmar mis gustos por un cierto cine de terror, por los personajes de ciertas películas de adolescentes, pero darles hormonas. Un poco la idea fue: darle inyección de testosterona gay a los chicos que poblaron las películas de Stephen King y de Steven Spielberg en los 80’s y traerla a Chile. Eso es al final lo más biográfico: yo me identificaba con ese cine y sentía que eran acerca de Chile, porque todas esas historias eran acerca de un mundo raro, con represión y gente rara y así es como recuerdo el Chile de los 80s.

La narrativa planteada en la dinámica de los hermanos a lo largo de la cinta resulta audaz. Borja se queda en casa y recibe los regalos deseados, Vicente escapa por cruising en la noche santiaguina. Es en este escenario dicotómico, donde la tensión se acumula para un enfrentamiento donde el exceso de alcohol y la represión sexual, son pólvora más que suficiente para una noche que puede ser liberadora o traumática.

El protagonismo de la masculinidad

En la segunda parte de la cinta nos encontramos con una estética en la que cuerpo masculino toma el protagonismo de manera frontal, erótica e intensamente. De hecho, no aparece ninguna mujer (solo aparece 1 en toda la cinta).

Sobre este aspecto, hablamos con Cristóbal Rodríguez Costabal (Borja) que junto a su hermano, Santiago, interpretan a los protagonistas de la película.

No es habitual ver el desnudo explícito masculino en el cine chileno de la forma en que aparece en “Cola de Mono”. Pero en tiempos de empoderamiento, donde lo sexual se resignifica, ¿crees que estas cintas aportan o entregan un mensaje?

Creo que sí, creo que hacía falta ver desnudos masculinos en el cine chileno. En ese sentido es novedoso y puede incomodar al espectador incluso a mí, pero siento que es necesario mostrarlo y decir con esto que no solo el cuerpo femenino puede provocar deseo sino también el cuerpo masculino y también mostrarse a estos personajes como seres vulnerables. Estábamos muy acostumbrados a ver desnudos femeninos en el cine y era hora de probar algo distinto y radical.

Una relectura personal

Aunque el cierre de la cinta resulta confuso. Se encuentra cargado de un fuerte erotismo y una alta dosis de violencia. Lo problemático es que las amplias interpretaciones pueden generar en el espectador una lectura donde la culpa y el castigo se relaciona con la identidad sexual.

El gran valor de esta historia, es la construcción de una relato donde reconocemos una lucha de identidad desde lo sexual en los hermanos, aportando peso emocional y ejemplificando el costo en sus decisiones. El tenor gay no resulta gratuito y encuentra sentido si analizamos las últimas obras de Fuguet.

Vicente busca refugio en su dormitorio luego de la agresión, el cual se encontraba cerrado pero que su hermano ha profanado, es sutil la forma en que la violencia pública ingresa a lo privado. Este espacio cotidiano y personal posee un secreto que no solo lo acompaña al dormir.

“Cola de Mono” se encuentra disponible en Onda Media donde ya se puede ver “Velódromo”. Este mes, el día 26 se estrenará “Siempre sí”, lo último de Fuguet. El mismo director nos adelantó que probablemente pronto llegará “Invierno”, por lo que parte importante de su filmografía estará disponible en la plataforma de streaming nacional de manera gratuita.

Luego de pasar por festivales y salas de cine, ¿qué significa para ti como director (Alberto Fuguet) llegar a una plataforma de streaming y específicamente a Onda Media?

Llegar a la gente correcta. Por fin. A los que querían verla o les tincaba o simplemente los que de pronto se topan con ella o alguien se las recomienda y la ven. Obviamente hay algo fascinante de estar en un cine o en una premiere con gente. Pero no hay comparación con que te vean 50 mil personas en streaming a 480 en salas. Y con Onda Media están pasando cosas geniales: que una cinta vieja como “Velódromo” se vuelva nueva. Que “Cola de mono”, que pasó sin pena ni gloria por algunos cines, llegue a todas partes y a toda hora. Las cintas al final se estrenan en algunos cines y en algunas comunas y en algunos horarios. Y eso al final daña a la cinta. Sin otro, no hay peli.

Ganadora del premio del público en Sanfic 2018, “Cola de mono” es una experiencia cinematográfica novedosa e intensa, una alternativa a “Mi pobre angelito” como película navideña y tal como dice su afiche, debe beberse con moderación.

VER EN Onda Media.

Sergio Bazaes

Profe de Historia. Me gusta ver y pasarme películas.

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