Crítica | ‘Gloria Bell’: Los años no pasan

 Crítica | ‘Gloria Bell’: Los años no pasan

¿Han tenido esa sensación de vivir nuevamente una misma grata e interesante experiencia, mas en este segunda ocasión, con un aburrimiento particular y sin explicación de este empañamiento? Bueno, así se puede resumir “Gloria Bell”, el remake del director chileno Sebastián Lelio a su cinta original de 2013, protagonizada en ese entonces por la chilena Paulina García.

Esta película arriba tras la nube de éxito del premio Oscar conseguido por la productora Fábula con “Una mujer fantástica”, bajo la mano de Lelio, producción de los hermanos Juan de Dios y Pablo Larraín y la vanagloriada actuación de Daniela Vega, por tanto los futuros proyectos del cineasta nacido en Mendoza han sido divisados con mayor atención, especialmente por “Disobedience” (2017), último filme de Sebastián Lelio que tuvo un tenue recibimiento de la crítica.

Un recibimiento que, al parecer, se esparció ingrávidamente hasta “Gloria Bell”, mermando en ocasiones uno de los roles más codiciados por Julianne Moore (ganadora del Oscar por “Still Alice”, 2014), quien en entrevista con Culto de La Tercera, aseveró que ella deseaba encarnar a la cincuentona divorciada desde que vio “Gloria” (2013), pero no lo habría concretado sin antes obtener el consentimiento de Paulina García para el rol. Algo que, evidentemente, ocurrió.

Esta es la nueva versión (o “reimaginación”) de la historia de Gloria Cumplido (Bell en esta versión), una mujer de 58 años que está sola en la vida, divorciada hace más de 10 años, que gusta de visitar pubs de solteros, divorciados, viudos y todo tipo de interesados en conocer a un nuevo amor. Esto cambia cuando conoce a Albert (John Turturro), un hombre separado que inyectará de energía a la alicaída vida de Gloria, mostrándole que esta es mucho más que solo un frívolo trabajo, una escuálida familia o los problemas en la comunidad del edificio… o eso es lo que ella pensará al principio.

“Gloria Bell” merece toda la denominación de “remake“, porque, claro, hay películas que son rehechas pero que poseen bastantes diferencias con el producto original (IT, REC, El Aro, Amigos por siempre, Ben-Hur, etc.), obviamente, debido al sello y tintes del director. En este caso, no ocurre nada por el estilo, siendo el mayor problema con esta cinta, mantiene prácticamente la misma dirección, que no deja de ser bien contada, por cierto.

En las casi dos horas de metraje se evidencia, para bien o para mal, un calco casi inmaculado de la versión chilena, de no ser por las diferencias culturales que obligaron a modificar levemente ciertas similitudes entre ambas producciones. Por ejemplo, las restricciones a fumar en sitios laborales, algunas canciones que marcan la odisea de Gloria y alguna que otra costumbre que en Chile es normal pero en Estados Unidos no, que se destaca aún más en el último arco del largometraje y en el desenlace.

El conflicto que produce que sea un remake dibujado y construido casi como fotocopia, es que no hay novedad ni atrevimiento. Estás viendo la misma película por segunda vez, sin embargo, en contraste, la emocionalidad que Paulina García transmite con maestría no está cien por cien retratada por Julianne Moore, sin dejar de lado que igualmente presenta una actuación a su nivel; tal vez sea la idiosincrasia del americano o netamente la inadaptibilidad de un guion –escrito por Lelio y Alice Johnson Boher– alejado del ciudadano de este país.

Pese a estas contrariedades que Sebastián Lelio no supo manejar, la película funciona en cuanto a ritmo y como símil de retrato de cotidianeidades de muchas personas; el humor y el drama son conscientes del público adulto que aprecia estas producciones, el soundtrack que engalana las escenas de Gloria son increíblemente bien elegidas, especialmente “Total eclipse of the heart”, de Bonnie Tyler, o la icónica “No more lonely nights”, de Paul McCartney, musicalizando una de las escenas que más se destacan de “Gloria Bell”, especialmente por el peso emocional.

Ambas versiones de Gloria tocan los sentimientos más fibrosos, latentes y expuestos a la vez que un cincuentón vive en la actualidad. Lelio, con una delicadeza propia de su manejo fílmico, sabe retratar las angustias, nostalgias y llagas de una persona divorciada, la infructuosa relación familiar que se desmembra al paso de los años y la necesidad de sentirse identificada con algo; he ahí lo crucial que es ponerle atención a cada canción que cubre la curva emocional de Gloria.

En aquella tarea contextual, Moore es una actriz con un carisma innato que se refleja en cada fotograma; nos hace sentir que verídicamente los fragmentos de un medio siglo de experiencia contienen elementos favorables y otros desfavorables, aun así, se insiste, no es igual de manejado que por García.

Tal como se percibió en “Still Alice”, Julianne Moore explora y recepciona excepcionalmente lo estructural de su personaje y lo sabe condimentar con ingredientes propios de ella, haciéndolo único y hermoso en su esencia. Gloria no se escapa de esta majestuosa herramienta actoral. Bien hizo Paulina García en “permitirle” hacer este rol, de todas maneras.

Como es habitual en Sebastián Lelio, la relación de las escenas con los espejos, el reflejo de sí mismo del protagonista, las fiestas llenas de luces y los planos detalle llenos de emotividad, están muy bien realizados, llenando de belleza la estructura de un filme que, lamentablemente, cae en su propio peso creativo. Sin duda, el director está en otro nivel en cuanto a experiencia en la silla de director y se nota a leguas, lo que se agradece sobremanera en comparación a la gama de cine chileno cada vez más vistosa y original.

Para el público más alejado del cine latinoamericano y que no vio en toda su vida “Gloria” de 2013, estará encantado con la experiencia de ver a una Julianne Moore deslumbrando con su calidad actoral, un guion acertado, una historia que a muchas personas puede indentificar sin discusión, pero que, como se mencionó, pierde gran parte de la emotividad que la primera cinta nos brindó, lo cual no es plenamente culpa de Sebastián Lelio, sino que es una amalgama de factores culturales y comerciales.

Gloria es una mujer como muchas otras, a quien los años no le pasan por encima, que disfruta cada momento con su familia, con su intimidad y con su afán de ser feliz, pero que, como gran parte del mundo, la traición, las mentiras y la alevosía del hombre no serán impedimento para no disfrutar, canta y bailar una melodía que los representa y los hace sentir libres en un mundo de ataduras. Ese es el mensaje principal de Lelio y su Gloria Bell.


Nelson J. González

http://www.lamaquinamedio.com/

Director de Revista La Máquina Medio.

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