Crítica | “Last Night in Soho”: Una maestría visual donde el misterio solo es un vago invitado a un festival de clichés

 Crítica | “Last Night in Soho”: Una maestría visual donde el misterio solo es un vago invitado a un festival de clichés

Uno de los estrenos más esperados del último trimestre del año es “Last Night in Soho”, cinta de “suspenso” dirigida por uno de los cineastas más prometedores de la industria, Edgar Wright, conocido mundialmente por haber dirigido “Baby Driver”, “Scott Pilgrim” y la recordada serie de Tv “Spaced”. Ahora se atrevió haciendo el fime más oscuro de su filmografía y nos propone una historia que se vendía como intrigante.

“Last Night in Soho” nos cuenta la historia de Eloise (Thomasin McKenzie), una joven de campo que quiere ir a la gran ciudad de Londres a cumplir su sueño de ser diseñadora de modas. Cuando queda seleccionada para la Universidad, debe dejar a su abuela y, de paso, el recuerdo de su madre, quien cometió suicidio.

Cuando la joven llega a la Universidad, no todo sale como esperaba y se va a arrendar un departamento en Soho. Ahí, comienza la guerra entre la realidad y la fantasía, ya que en sus “sueños” conoce a “Sandie” (Anya Taylor-Joy), una mujer talentosa y segura de sí misma que es todo lo que Eloise quiere ser. La joven se ve atrapada entre estos dos mundos, hasta al punto de no distinguir la realidad y todo lo que sucede a su alrededor. Con esa premisa y el prometedor elenco se esperaba una gran cinta de suspenso….

Pero lo que salió del horno fue una maestría visual que de suspenso tiene poco y nada.

PERFECTA EDICIÓN, POBRE DESARROLLO

Primero, y como ya es costumbre, hablaremos de la cinematografía de la cinta. Tal como se mencionó, la cinta está dirigida por Edgar Wright, lo que te prometía una edición casi perfecta y unos planos típicos de su gran fanatismo y devoción por su trabajo. Y eso es, por lejos, lo más logrado de la película. Las escenas en donde se mezclan Eloise y Sandie son de una perfecta ejecución, una edición impresionante y una paleta de colores que converge con la propuesta de dirección y fotografía. Y en donde, por cierto, la fotografía es uno de los puntos mas altos del filme.

Otro punto alto es el vestuario y el soundtrack. El vestuario de la cinta está impecable y cuando nos transportan a la década del 60/70, el vestuario está perfecto, respondiendo a ese requerimiento. Y el soundtrack está brillante, nos hace viajar y ninguna canción basta o sobra. Todo está en su justa medida dentro del filme.

Pero de aquí hacia adelante todo se viene cuesta abajo…

El guion de “Last Night in Soho” -escrito por el mismo Wright junto a Krysty Wilson-Cairns no se hace cargo de la premisa de la cinta y eso es algo en lo que hay que reparar. El desarrollo de la cinta es confuso y repetitivo en el uso de los “recursos de suspenso”. Un ejemplo claro de eso es cuando Eloise se empieza a cuestionar su realidad y lo único que hace es dormir, despertar sobresaltada, correr y gritar. Esos recursos se utilizan, como mínimo, cuatro veces en la cinta.

Otro asunto que el guion propone, del cual no se hace cargo son los problemas de salud mental de la protagonista, en tocando ese tema tan delicado sin ningún tipo de desarrollo… Pero de eso hablaremos después.

La cinta, de todas formas, es confusa y no porque la gente no la entienda, sino porque Wright no es concreto a la hora de explicar. Ejemplos hay por montones. En un momento pensamos que todo lo que Eloise ve puede ser algo sobrenatural, pero luego asumimos que puede ser por su problema de salud mental, pero como la película NO DESARROLLA ESE PUNTO, solo nos queda una opción: Esto es real. Eso también se puede ver en las cosas que le suceden empíricamente a Eloise y en el final de la película con ese giro de trama tan obvio y además innecesario, debido a que nosotros, como espectadores, ya habíamos agotado todas las opciones. Al guion le faltó misterio e intriga en su desarrollo y, si no tienes eso en una película de suspenso, se te cae por completo el filme.

ELENCO PERFECTO, ALGUNAS EJECUCIONES AL BORDE DEL CLICHÉ

Aplausos de pie para Thomasin McKenzie (Jojo Rabbit). La actriz está simplemente perfecta en la cinta como la chica inocente que llega a la gran ciudad. Y no cae en el cliché del personaje. Claro que no. Su desarrollo en la cinta está impecable y, aunque en muchas escenas la vemos actuando con el mismo recurso, supo salir airosa frente a ese desastre de guion y se convirtió en la protagonista que se lleva al hombro la cinta. Sabe mantener el “suspenso” en cámara y si se le hubiera dado la oportunidad de profundizar más en el problema de salud mental de su personaje, hubiera sido todo un deleite.

Lo mismo pasa con Anya Taylor-Joy, actriz que encandila la pantalla tan solo al primer momento en que se pone en ella y que tiene una presencia cautivadora en el filme. Brilla por su carisma y talento y aunque tiene menos desarrollo que McKenzie, supo salir bien parada en la cinta y nos demuestra el porqué es una de las actrices más cotizadas en la actualidad.

Luego llega el festival del cliché.

Quizás el guion no ayudaba y el director lo quiso así, pero eso nunca es agradable de ver. Matt Smith como el tipico proxeneta maltratador y embaucador, los típicos estudiantes engreídos dignos de una serie de Disney y el joven que se enamoró de la chica y que en cámara tienen unos gestos que se ven demasiado grandes o sobreactuados. Si bien son el equipo B, siempre decepciona que se trabaje desde el cliché.

LA SALUD MENTAL: UN TEMA QUE SE TOCA… A MEDIAS

He aquí uno de los problemas más grandes de la cinta. Quizás estoy exagerando, pero si se va plantear que la protagonista tiene problemas de salud mental (o se esboza), hay que hacerse cargo y no dejarlo a medias para que luego solo exista en el final de la película.

Comencemos analizando el principio del filme y lo que se dice acerca de eso. La madre de la protagonista se suicidó y la chica ve su “fantasma” o “espíritu” cerca de ella. La abuela lo confirma preguntando si “la vio otra vez” y si “se siente muy abrumada, que se regrese a casa”. Podemos intuir en el filme que la chica no recibe ningún tipo de tratamiento y que, a lo largo de la película, pareciera necesitar ayuda.

Pero no. El director llega hasta ahí. Y si bien la chica se abruma e incluso la policía llega a sospechar que la chica puede estar sufriendo de estrés post traumático, no se vuelve a profundizar más allá que en preguntas banales, sin sentido y que no aportan en nada a esa temática.

Y en el desenlace ocurre el error más garrafal e irresponsable de todos. El director toma la decisión de romantizar esos problemas, ya que vuelven a aparecer los fantasmas (esta vez de su madre y de Sandie) y en vez de asustarse o abrumarse, la chica se encanta y se pone feliz al ver las apariciones de estas personas. Una decisión nefasta. El mensaje que traspasa a la pantalla es erróneo, irresponsable y carece de toda empatía y sensibilidad. Irresponsabilidad total.

LAST NIGHT IN SOHO EN PALABRAS SIMPLES….

“Last Night in Soho” es una película entretenida, para pasar la tarde, pero que no cumple lo que prometía. No te mantiene al borde del asiento y te deja con una sensación de que, quizás, esta no era la película que querías ver. No es un filme decepcionante, pero se esperaba más. No cumplió con las expectativas y solo se conforma con ese suspenso que se ha visto montones de veces antes.

“Last Night in Soho” se estrena este jueves 11 de noviembre en Chile.

Constanza Vera

26 veranos, inviernos o cualquier otra estación. Actriz. Algunas veces actuó, otras veces escribo, otras veces critico y cuando tengo suerte hago todo junto 🤭❤️.

Post Relacionados