Teresa Willms Montt, la burguesa rebelde

 Teresa Willms Montt, la burguesa rebelde

Chile es reconocido, entre otras cosas, por ser una tierra de fructíferos escritores, artistas y creadores, fundamentalmente poetas. Muestra evidente son dos premios Nobel para tan noble oficio. Pero hay vida y sentimiento más allá de los premios y aquella academia castradora. Uno de esos nombres es Teresa Willms Montt.

Cuando Viña del Mar era el principado de la aristocracia chilena, y obviamente de la viñamarina, entre sus parajes de sonido de mar y gaviotas comenzaba a nacer una poeta de una pluma sagaz, irreverente, cuestionadora y que buscaba vomitar un mundo interior inusualmente inquieto para las señoritas de bien. Su nombre es Teresa Wilms  Montt, y vivió cien años antes que nosotros, sin embargo nos vio igual a ella.

Paradójicamente rebelde.

Para Teresa Willms Montt, el sentir y el amar eran necesidades irremplazables. La honestidad de estos sentimientos iba más allá de cualquier tradición o costumbre. Ella se reveló. Porque su matrimonio con Gustavo Balmaceda fue clandestino, a escondidas de ambas familias. Auspiciados por Vicente Balmaceda, primo de su cónyuge, mantuvo una relación quea pasó por la pasión de un amor clandestino y arriesgado, donde el juicio de su familia pendía encima de ellos, hasta pasar por las turbulentas tormentas del machismo. Recluida, encerrada y con claras intenciones de acallar el desbordante río de incesante pasión y vehementes sentimientos, Teresa fue llevada al convento de las Carmelitas Descalzas, lugar del que escaparía con la ayuda de su gran amigo Vicente Huidobro. Nada impedía que Teresa siguiera plasmando su alma en los versos más ardientes y sinceros. Vicente era el hombre que quería, pero los versos el hombre que ella amaba

Carnalmente hermosa.

Somos (o son) un país clasista, cartucho y pacato. Aunque algunos dan la lucha y logran zafar de las ataduras de la sexualidad reprimida, no todos lo logran. Ella lo hizo cuando incluso estaba penalmente prohibido. Sin temor alguno, Teresa Wilms Montt, hija de aristócratas viñamarinos (Luz Victoria Montt y Federico Wilms), fue criada para mantener las apariencias. Apariencia que por cierto, era bastante hipócrita. Ella no estaba de acuerdo, ella quería vivir. Y lo hizo.

Su pluma, sus versos. Cada una de sus estrofas dan cuenta de un alma y corazón ardientes, no solo de sexo sino también de pasión por vivir la bohemia, el vino y las relaciones humanas. Ella quería transitar una vida llena de  turbulencias y vivencias apasionadas,  donde pudiese ser honesta con los latidos de su entrepierna y su corazón.

“Soy erotismo, ¡ven!”, una ‘osada’ Teresa Willms Montt

Sus escritos retratan el alma y sentimientos reprimidos de muchas mujeres que no tuvieron la valentía de romper sus cadenas, de romper esquemas y ser ellas mismas. Vaya a saber uno cuántas Teresas habían por las calles de Viña del Mar, Santiago o el mundo entero. Ella lo describe muy bien en uno de sus más hermosos versos:

Llega todas las noches a mi alcoba

Sin tener ojos me mira, sin tener boca me habla, y su mirada y su voz son tan hondas como el silencio de los sepultados.

Está muy lejos, y está conmigo, piensa en mi cerebro y llora en mis lágrimas.

“Cuando procedo mal, Anuarí castiga mis huesos, atravesandolos del hielo de una carcajada sin dientes.”

                                                                                        Libro Anuarí, 1918.

Una mujer diferente. Capaz de plasmar en el papel y bellos versos los sentimientos y pensamientos más profundos. De hacer santo todo aquello que era mundano y mal visto, de enaltecer al lugar que le corresponde a la pasión humana y vivir como ella quería.

Ella era Teresa Wilms Montt, fue muerta y crucificada por la sociedad. Nació cien años antes que nosotros, sin embargo nos vio igual a ella.

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Ignacio Osorio

Quería ser futbolista, pero terminé escribiendo sobre Cultura y haciendo clases. 25. C.

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