Con el desarrollo de la cultura y las artes como sus principales compromisos de campaña, el periodista René Naranjo (independiente por la «Comunidad por la Dignidad») espera convertirse el próximo 11 de abril en uno de los 155 constituyentes que redactarán una nueva Constitución para Chile, representando al Distrito 8, compuesto por las comunas de Cerrillos, Colina, Estación Central, Lampa, Maipú, Pudahuel, Quilicura y Tiltil.

El ex «SQP» y «Yo Soy», con dilatada trayectoria como opinólogo y periodista de espectáculos, destaca que el principal problema de la actual Constitución en términos culturales es que «Garantiza la libertad para crear, difundir y estimular la creación artística, pero en ninguna parte se asegura el derecho de participar de la vida cultural ni la obligación del Estado de proveer esa estimulación».

«Yo puedo tener la libertad para crear y difundir las artes, pero si no tengo plata, vivo en una región sin teatros, donde el Estado no tiene ninguna obligación de construir nada, ningún espacio donde yo me pueda juntar con gente a ejercer esa libertad, todo queda en nada», complementa.

A su vez, recalca que la actual Carta Magna, heredera de la dictadura de Pinochet, dejó en el país una cultura «neoliberal, patriarcal, donde se prima lo individual».

«Estamos en un mundo donde todo es plata, mientras que la cultura y el arte es todo lo contrario. Es todo lo que nos completa como seres humanos y nos enriquece espiritualmente. Nos hace mejores como ciudadanos: más solidarios, comprensivos, empáticos, inclusivos; todo lo que hoy nos falta como sociedad», asegura el comunicador.

La Máquina tuvo la oportunidad de conversar con René Naranjo, quien se refirió a los cambios culturales y sociales que deben estar inmersos en la nueva Constitución, la crisis y la necesidad de la creación de una «Ley de Medios» y la «destrucción de la democracia» a manos de Carabineros.

¿Cómo se encuentra hoy la cultura en Chile?

Primero hay que aclarar lo que se entiende por cultura y su importancia. Cultura es la producción de todo lo que surge en una sociedad. Son las relaciones humanas, de hablar, de convivir, de establecer relaciones de poder y los productos artísticos que de allí surgen. Porque arte y cultura no son lo mismo. El arte es un trabajo sobre disciplinas específicas: literatura, pintura, música, ópera, danzas, esculturas. Lo cultural excede a los artístico.

Nosotros vivimos en una cultura neoliberal, patriarcal y que está en crisis. Hoy, producto de todo un sistema que se instaló a partir de la Dictadura, prima lo individual, donde se es más egoísta que solidario.

¿Cómo influyó la cultura en la sociedad durante este último tiempo, sobre todo en pandemia?

Durante la pandemia el arte y la industria creativa fueron fundamentales, porque la gente lo que más hizo fue ver series y películas mediante plataformas de streaming. Nos relacionamos mucho con estos productos culturales pero no le damos importancia en nuestras vidas, pensamos que es una cosa aparte. No lo vemos integrado, porque la cultura neoliberal nos tiene enfocados al trabajo, al rendimiento económico y al consumo. Pero nadie está fuera de la cultura, aunque estemos encerrados en la casa estamos participando de ella viendo series, escuchando música, incluso relacionándonos con personas a través de internet.

La industria creativa, siendo tan importantes durante a pandemia, se encuentran en una profunda crisis con los cines, teatros y espacios para hacer música en vivo cerrados. Tampoco son reconocidos. El 85% no cuentan con un contrato formal. En contextos como este, todas esas personas necesitan de una protección especial.

¿Cuál es, a grandes rasgos, el principal problema de la cultura chilena?

Se debe generar equidad. Un tema muy importante son los accesos a los productos artísticos y culturales. En un contexto normal tendríamos acceso a muchas obras de teatro en Santiago, a muchas películas en el cine, a óperas, ballets y danzas en vivo, a una serie de espectáculos que personas de regiones no podrían disfrutar. ¿Por qué alguien que nace en Punta Arenas no va a tener el mismo acceso que los que nacen en Santiago a disfrutar de la vida cultural de su comunidad? No es lógico, es pura discriminación y postergación.

El derecho a la vida cultural

¿Cómo se refiere la actual Constitución a la cultura?

En el Artículo 19 están contenidos los derechos y deberes de la ciudadanía. En su Inciso 10°, se indica que es deber «estimular la creación artística y la protección e incremento del patrimonio cultural de la nación«. En el 25°, se señala que «garantiza la Constitución la libertad de crear y difundir las artes, así como el derecho de autor sobre sus creaciones intelectuales y artísticas de cualquier especie, por el tiempo que señale la ley».

Es decir, la Constitución garantiza la libertad de crear, difundir y estimular la creación artística, pero en ninguna parte asegura el derecho de participar de la vida cultural, ni la obligación del Estado de proveer de alguna manera esa estimulación.

Se estimula bajo los fondos concursables, se cumple con la Constitución, pero no basta. Y tampoco es suficiente la libertad de crear y difundir las artes, porque ni siquiera eso se ha garantizado en la vida democrática de los últimos 30 años. En Chile hubo películas (La Última Tentación de Cristo), obras de teatro (Prat, de Manuela Infante) y libros (El Libro Negro de la Justicia Chilena) censurados en democracia.

¿Cómo revertir esta situación en una nueva Constitución?

No basta con lo que ya esta escrito. Esta nueva Constitución debe recoger la declaración universal de derechos humanos, que dice «Tomar parte libremente de la vida cultural de la comunidad a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y disfrutar de los beneficios que de él resulten». Así todas las personas pueden sentirse partícipes e integrantes de la cultura. Es distinto al concepto de «libertad», porque solo en eso se basa la actual Constitución, pero no hay garantías ni derechos.

Debemos dar el derecho a gozar de las artes, y para hacerlo deben existir las herramientas para que se desarrolle. Debe existir cierta condición de infraestructura física y humana para que la gente pueda ejercer de su derecho de participar y gozar de las artes.

Yo puedo tener la libertad para crear y difundir las artes, pero si no tengo plata, vivo en una región sin teatros, donde le Estado no tiene ninguna obligación de construir nada, ningún espacio donde yo me pueda juntar con gente a ejercer esa libertad, queda en nada. La libertad no garantiza porque no obliga al Estado a nada, no entrega las herramientas.

«En cambio si yo digo que tenemos derecho a participar en la vida cultural y artística de la nación, todo cambia. Porque quiere decir que el Estado está obligado a proveer ese derecho, a construir lugares donde ejercerlo. Debe estar el derecho a participar de la vida cultural de una nación y una sociedad, porque es fundamental. Debemos asegurar el derecho de las personas a pedirle al estado que se involucre en la activad cultural. Hoy solo se garantiza el estímulo, que son los fondos concursables«, explica el periodista. 

¿Por qué crees que es tan necesaria la cultura en la actual sociedad?

Estamos en un mundo donde todo es plata, mientras que la cultura y el arte es todo lo contrario. Es todo lo que nos completa como seres humanos y nos enriquece espiritualmente. También nos hace mejores ciudadanos: más solidarios, comprensivos, empáticos, inclusivos; todo lo que hoy nos falta como sociedad.

El gran desafío que tenemos es generar en la Constitución un marco que acoja las posibilidades de que la ciudadanía goce de las artes y participe de la vida cultural. Y no solo depende de la Carta Magna, también debe haber un cambio en el rol que ha llevado el Ministerio de las Culturas, que hoy no llega al 0.4% del presupuesto nacional. El mínimo de los países de la OCDE es del 1%, que es donde debería estar Chile.

«Con la nueva Constitución debemos obligar al Estado a que le otorgue mucha más importancia y mucho más presupuesto a la cultura y el arte», recalca Naranjo.

La crisis de los medios

Los medios también son parte de la cultura, y al parecer también se encuentran en una crisis profunda…

Los medios están en una profunda crisis interna por diversos factores: están dirigidos por la misma élite que domina la vida política y económica, lo que causa concentración de riqueza en pocas manos y un claro sesgo político al momento de entregar la información.

Y luego hay un problema internacional, global, con Google y Facebook. Estos dos gigantes dominan el mundo digital completo y han destruido medios de comunicación en Chile y en gran parte de los países del occidente. Toman la información, la difunden, cobran una publicidad barata y no pagan. El congreso Australiano aprobó que ambos deban pagar para publicar noticias de los medios locales. Google se mostró de acuerdo y Facebook en contra, bloqueando todas las noticias australianas de su web.

Es muy importante que se discuta una «Ley de Medios» en Chile. Todos deberían recibir algún tipo de apoyo, porque generan tejido social. En el Golpe de Estado esto se rompió, y reconstruirlo es parte de la democracia. Y ahí los medios, que es donde la gente se comunica y comparte, juega un rol súper importante.

«Estoy de acuerdo en que haya una Ley de Medios que considere todos estos temas, pero además hay que poner un ojo en lo que pasa a nivel global. Google y Facebook tienen mucho que ver en la decadencia de los medios de comunicación, porque les ha quitado la publicidad y toman su contenido sin pagar ningún peso», señala Naranjo. 

Una democracia destruida por Carabineros

Mucho ha sucedido en los últimos días con Carabineros, ¿Cómo ves el futuro de la institución?

La institución de Carabineros se debe refundar, porque un pilar de la nueva Constitución, el primero, debe ser el respeto absoluto e irrestricto a los Derechos Humanos. No nos pueden volver a pasar los terribles crímenes cometidos por el Estado después del Golpe de 1973, y lo que pasó de nuevo a partir de octubre de 2019, con más de 400 personas que perdieron un ojo a manos de la fuerza de la policía militarizada de Carabineros. Eso destruye la democracia. No se puede hablar de democracia cuando tenemos a un Estado que comete violaciones a los Derechos Humanos. 

Hoy la convivencia en Chile está amenazada por la forma en que se comporta Carabineros, vulnerando un derecho constitucional de manifestarse libre y pacíficamente sin previa autorización. Todos tenemos derecho a hacerlo, pero si salimos diez personas nos van a pegar, corremos riesgo de perder un ojo, a caer al Río Mapocho, de que nos atropelle un carro lanza gases. Es un atentado contra el corazón de la democracia.

«Ya no es un tema de unas personas, es un problema de la forma en que se comporta la institución y transmite sus valores internos. Hay que refundarla sobre el principio de la defensa y el respeto irrestricto y absoluto de los Derechos Humanos. No puede haber impunidad», destaca. 

¿Por qué René Naranjo debería ser parte de la redacción de una nueva Constitución para Chile?

Tengo 50 años, nací en 1962, viví la democracia chilena hasta 1973, fui al colegio en la UP y estudié en la universidad en dictadura. Vi cómo el miedo se apoderó del país, de la vida de los chilenos y chilenas de manera terrible en aquella época, cómo se instaló un nuevo sistema económico, político, social, cultural a partir del miedo, la represión y los crímenes. Y luego viví en una sociedad democrática que no cumple con las expectativas ni mías ni las de mucha gente.

Esta es la hora de crear una nueva República de Chile y yo quiero ser parte de ese proceso. Creo que tengo la experiencia, la sensibilidad y además no vengo de la política, sino del periodismo, siempre inmerso en los temas de cultura, de cine, espectáculo. Comencé en 1986 en la revista opositora a la Dictadura «Cauce», entonces tengo una coherencia en ese sentido y quiero llevarlo  a la Constitución. La gente pidió un mandato súper importante: nuevas voces, personas distintas, no los mismos de siempre y yo me siento convocado. Tengo la experiencia de los últimos 58 años de Chile que quiero volcar en el proceso constituyente para construir una sociedad más inclusiva, justa y democrática. 

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